Entre dos mujeres

23.01.2015 20:54

La pasada mañana Oscuridad, de repente, abrió la puerta de mi piso de alquiler y me descubrió en mitad del salón, resacoso y aún retorcido entre las sábanas revueltas del colchón que suelo tirar en el suelo a la hora de dormir. No fue eso lo que le dolió, (ésa dejadez es uno de los aspectos que mas le gusta de mí, según sus propias palabras), sino el hecho de ver tumbada a mi lado, ya despierta antes que yo, a la bella Esperanza. Oscuridad se quedó de piedra y una mezcla entre decepción y tristeza asomó en su fría mirada de niña frágil y egoísta, yo, convulso ante su dolor no supe como reaccionar. Sé que Esperanza detrás de mí sonreía tranquila. Intenté balbucear inaúdibles palabras que no recuerdo, creo que quería pronunciar su nombre, pero no pude, me quedé desnudo de defensa igual que se queda un niño que ha sido descubierto después de proceder con el acto mas inhumano. Ella, simplemente se dio la vuelta y salió del piso dando un portazo y dejando en el aire la promesa de no volver a verme nunca mas o algo peor, la de vengarse en algún momento del revés recibido..... No recuerdo en que momento le dí las llaves de mi piso, quizá fue en aquella época en las que era un paseante nocturno o quizá en aquella otra época en la que pisaba las flores creyendo que la vida era injusta conmigo, no sé, nunca he diferenciado muy bien el pasado, tampoco sé porque tuvo que aparecer justo ésa mañana de invierno soleada, llena de sonidos que prometían que el verano no tardaría en llegar y con él, de nuevo, el abrazo del mar y las tranquilas puestas de sol.... quizá vino a por su cepillo de dientes que aún seguía en mi cuarto de baño... si, quizá...... Solo sé que una vez se había ido y a mí se me pasó el shock y elaboré la culpa por haberla hecho sufrir, me dí la vuelta y vi a Esperanza tendida en mi colchón, con su tranquila sonrisa de niña traviesa y vestida unicamente con los primeros rayos de sol de aquella mañana de invierno, recuerdo que pensé que diablos se le pudo pasar por la cabeza aquella noche para ver en mí algo digno de ella... pero me deshice también de éste pensamiento. Le pregunté si le apetecía bajar a desayunar al bar de abajo, ella me dijo "yo invito" (esa actitud suya me permitía, debido a que era final de mes, empezar la mañana con algo más que un café y un cigarrillo, quizá unas tostadas con mermelada o incluso un zumo de naranja...... ¡dios mío, el zumo de naranja está a precio de sangre de unicornio!).... Así empezó un nuevo día lleno de luz....