Exilio interior

09.11.2014 16:15

Le hallaron culpable por instigar a caricias con premeditación y alevosía, así como por desfalco de sueños con conocimiento de causa, el juez no tuvo en cuenta su coartada de haber actuado en defensa propia ante la amenaza de la soledad ni estimó "la necesidad de dormir abrazada por no sentir miedo" como un atenuante por enfermedad mental. Fue condenada a una cárcel de máxima seguridad en Siberia obligándola a dejar en la entrada sus objetos personales en una bolsa de papel que le devolverían al salir. Estas pertenencias eran un paquete de tabaco a medio gastar, una goma de pelo azul, su propio corazón ensangrentado envuelto en un pañuelo rosa de seda, (única herencia que le había dejado su madre antes de morir) y una fotografía de él.... Se lo dio todo al guardia de la entrada con una lánguida sonrisa de rimel corrido y comenzó a andar por el pasillo que la llevaba a lo que sería su celda los próximos sesenta años, caminaba con la mirada perdida y fija en algún lugar que de seguro no pertenecía a éste mundo [...]