SUCESO

01.07.2014 02:13

La noche del pasado viernes, un antiguo amigo me invitó a una fiesta privada que se daba una mansión en las afueras de Madrid, con motivo del estreno de su última película. En dicha efeméride a la cuál había que asistir en taxi por estar en mitad de ninguna parte, era todo gratis (entiéndase por «todo gratis» bebida y comida), con la única condición para permitir el acceso al interior de la mansión, el hecho de ir vestido de gala. Yo no ví en ésto un requisito demasiado complicado para mi actual economía, (sí lo hubiera sido sin embargo, que la condición para entrar en dicha fiesta hubiera sido ir vestido de etiqueta, puesto que no poseo éste tipo de ropa en mi armario y alquilar un esmoquin me hubiera sido imposible, ya que bastante costosa me iba a salir ya la noche por el hecho de tener que pagarme el taxi de ida y de vuelta al lugar del evento en si). Pero no había que ir de etiqueta, simplemente de gala.
He de puntualizar que ésta condición en su momento, no dejó de extrañarme, pero acabé pensando que quizá la fiesta consistía en un homenaje a dicho escritor, o que habría un apartado dentro de la fiesta en que a dicho escritor se le hiciera algún tipo de homenaje.....
El caso fue que conseguí un bastón, me peiné el pelo para atrás con gomina, me di algunas canas y me hice con una silla de ruedas en una tienda de empeños de la calle Delicias, la cuál me costó horrores introducir en el maletero del taxi ....
Bien, pues después de cuarenta y cinco minutos de camino nocturno por una carretera secundaria, con un taxista que no me dirigió la palabra en todo el camino y que tampoco daba la confianza para iniciar con él ningún tipo de conversación, llegué a las puertas de la mansión con mi traje de gala y al presentarme delante de los cuatro cancerberos que guardaban las puertas de dicha mansión y enseñarles mi invitación personal a aquella fiesta, recibo la respuesta en un tono de voz serio y hasta rozando el límite de lo mal educado (mas que rozándolo sobrepasándolo con absoluta normalidad por su parte), que «a pesar de la invitación no se me permitía acceder a la mansión con ese atuendo que llevaba», estas fueron palabras textuales de uno de ellos, (he de decir que me sorprendió de iguál forma que el hecho de que se me impidiera la entrada, como el hecho de ver salir la palabra «atuendo» de los labios del gorila).... En cuánto a mi vestimenta, a parte del bastón, la silla de ruedas y unas canas que claramente se veían que no eran mías sino pintadas, ésta consistía en unos pantalones y una camisa de hilo fino blanco con lo que iba pasando bastante frío y unos zapatos de terciopelo falso rojos, todo ello comprado por separado, en una tienda de ropa de segunda mano de la calle Atocha por un precio bastante barato. El caso es, que «no se me permitía acceder con aquel atuendo».... 
Ante mi sorpresa (sorpresa que luego se convirtió en indignación), me defendí diciendo que en la invitación ponía claramente que era condición «sine qua non» asistir vestido de gala y que era así como asistía yo..... y fue entonces cuando me llené de pavor (y mas tarde de la indignación anteriormente mencionada), cuando aquellas moles con traje de etiqueta, empezaron a avanzar hacia mí diciéndome cosas como que «o me iba de allí o lo lamentaría» o que «la mansión de los payasos estaba unos kilómetros mas allá en la otra dirección» ... Al ver que era imposible hablar con aquellos tarugos y no disponiendo de saldo en el móvil para llamar a mi amigo en el interior de la fiesta y explicarle la situación, o por lo menos a la policía para poder defenderme legalmente en aquel momento, tuve que coger la silla de ruedas y con tremendo trabajo volverla a meter de nuevo en el maletero de aquel taxi (al que gracias a Dios le dije que me esperara hasta que entrara en aquella mansión, ya que estaba en mitad del campo, era de noche y no me sentía demasiado seguro) y con mi bastón y el «atuendo» ya mencionado, di orden al taxista de que por favor me dejara de nuevo en Madrid. Acabé esa noche, debido a la imposibilidad con aquel estado de enfado de meterme en casa, en el barrio de Malasaña con todo el «atuendo», incluido el bastón, bebiendo latas de cerveza de los vendedores ambulantes chinos en el bordillo de una acera, al lado de una pequeña pizzería nocturna, con muy pocos euros en el bolsillo y las sienes palpitándome por el disgusto...... 
En cuánto a la silla de ruedas, se la tuve que acabar regalando al taxista a cambio de un descuento en la tarifa. Éste hombre (y fue la única conversación de mas de dos minutos que mantuve con él en todo el tiempo que compartimos juntos aquella noche), tenía a su suegra con problemas de artrosis y vio que la silla le podía venir bien............
Al día siguiente de aquel episodio, miré en Wikipedia el significado de "ir de Gala a una fiesta" y al leerlo me enfadé mucho conmigo mismo por no documentarme de éstas cosas antes de emprenderme en ellas, aún así no pude parar de sentir el alivio que suponía que le hubieran puesto ése nombre al hecho de "ir de etiqueta a una fiesta" y no le hayan denominado con otros seudónimos como «ir de Quijote» o «ir de Adán»......esto último si hubiera sido realmente embarazoso........ Es obvio que a mi amigo le mentí en el motivo por el cuál no había asistido a su fiesta, diciéndole que aquella noche me encontraba enfermo en cama y que sentí de veras no habernos podido ver.......